El último estudio elaborado por Rebold y Apple Tree sobre la visibilidad del deporte femenino en los medios de comunicación españoles ha puesto de manifiesto que la brecha mediática se va reduciendo progresivamente en los últimos años. Desde 2021 las mujeres han incrementado su visibilidad 15 puntos, hasta alcanzar un 25% en 2024. El análisis pone de manifiesto año tras año que, en la mayoría de las disciplinas deportivas, la mujer consigue niveles de exposición mediática similares a los de los hombres, e incluso en ocasiones superiores, como en algunas de las medallas olímpicas que España conquistó en los pasados Juegos Olímpicos de París.
Buena parte de este progresivo avance mediático se lo debemos a un hito deportivo descomunal. La conquista de la Copa Mundial femenina en 2023 disputada en Sidney llevó a la selección a unas cotas de popularidad impensables hace algunos años. Cinco años atrás, buena parte de las futbolistas estaban luchando a brazo partido porque se reconociera su deporte como una práctica profesional, con plenos derechos laborales y económicos. Muy pocos conocían entonces siquiera el nombre de tres jugadoras relevantes de nuestra selección o de cualquier club. El Mundial marcó un punto de inflexión e impulsó al deporte femenino a una cuota de visibilidad del 29%.
Sin embargo, los datos del estudio de visibilidad informativa de 2024 siguen evidenciando que la brecha de género es muy evidente en el fútbol. La audiencia en televisión de la final de la Liga de Campeones que disputaron el Real Madrid y el Borussia Dortmund fue un 360% superior a la de final femenina conquistada por el FC Barcelona femenino. La reciente Supercopa femenina apenas ocupó un 16% del volumen de noticias que generó la cobertura del mismo evento masculino disputado en Arabia. Curiosamente, en ambos casos la final del torneo enfrentó al Real Madrid y al FC Barcelona, el clásico del fútbol español. Y si analizamos la repercusión de la ceremonia de entrega del Balón de Oro, la diferencia es también muy llamativa (27% vs 73%), considerando que en ambos casos el trofeo se lo llevaron jugadores españoles (Aitana Bonmatí y Rodri Hernández).
¿Por qué entonces el fútbol no obtiene la misma cobertura informativa que en otros deportes? Antes de responder a esta pregunta, quizá deberíamos considerar la trayectoria y las peculiaridades del fútbol en nuestra sociedad. Con demasiada frecuencia olvidamos que en España el fútbol profesional cuenta con más de 1,3 millones de licencias federativas (el siguiente deporte es el baloncesto, con poco más de 400.000). Genera casi 200.000 empleos directos y tiene una facturación equivalente al 1,44% del PIB nacional. No obstante, del total de federados, solamente 107.000 corresponden a licencias femeninas. En nuestro país, el baloncesto es el deporte rey entre las mujeres, superando las 138.000 licencias.
Con estas cifras en la mano, parece lícito preguntarse si realmente estamos forzando una paridad mediática que en realidad no existe en el fútbol profesional en términos económicos ni sociales. Aparcando por un momento el análisis de los datos, hay eventos informativos que pueden ayudarnos a entender mejor los principales factores para entender los motivos por los que existen todavía estas diferencias. Por ejemplo, cuando el principal vector de interés viene motivado por un sentimiento de pertenencia, de identificación con el origen de nuestros deportistas las diferencias en audiencia e interés se desvanecen. Esto explica por qué en el análisis que hemos realizado encontramos cifras de paridad informativa en la victoria de nuestros marchadores en París o en las medallas de bronce conquistadas por la selección española de natación artística y el balonmano. En cambio, en la comparativa entre la medalla de oro de la selección española masculina de fútbol y la victoria de la selección de waterpolo femenino, aparecen otros vectores implicados que vuelven a inclinar la balanza (32% vs 68% de visibilidad mediática).
Entre estos factores que entran en juego emergen con evidente claridad algunos elementos extradeportivos. Por ejemplo, la enorme repercusión mediática de la última ceremonia del Balón de Oro no se debió a que el fallo del trofeo masculino fuese a favor de un jugador español después de más de 60 años (el intervalo que separa a Luis Suárez de Rodri), sino a la polémica por la protesta del Real Madrid que proponía a Vinicius como más que probable ganador. También se observa este mismo vector cuando se enfrentan el Real Madrid y el FC Barcelona en distintas competiciones, como en la Supercopa de España. En ambos casos, el interés informativo se inunda de un ambiente tribal donde el fútbol queda en segundo plano y que incluso en ocasiones se ha revestido de un tamiz político.
Estas claves permiten entender mejor por qué los medios ofrecen una cobertura informativa muy destacada a noticias que en sí mismas, no parecen disponer de una trascendencia deportiva relevante. Acontecimientos que en ocasiones despiertan reacciones muy viscerales y que se inspiran en valores éticamente cuestionables, pero que impulsan una visibilidad especialmente acusada en los medios deportivos. La consecuencia se puede verificar a través de los datos: los medios deportivos otorgan una visibilidad más de tres veces superior a los eventos de las disciplinas masculinas frente a las femeninas. Harina de otro costal es preguntarse si este tipo de visibilidad incremental es realmente deseable o incluso si es una consecuencia inevitable de la transformación de un espectáculo deportivo en un trending topic global.
Alfredo Orte Sánchez, es intelligence manager en Rebold
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